Friday, June 26, 2015

La entrega y los principios

Denk ich an Deutschland in der Nacht, dann bin ich um den Schlaf gebracht. (Heinrich Heine)


Lo mejor que uno puede entregar (a otros, por supuesto), es su profesionalidad. Y esto en sí ya está peligrosamente cerca del no ser profesional.

¿El alma? Puedo entregar el alma a una mujer. Esto ni siquiera viene al caso aquí, y además suelo equivocarme en ello.

Así que estamos de vuelta con la profesionalidad. La profesionalidad es un principio. Y tengo otros, todos los considero universales. Principios universales es un pleonasmo.

Es una cuestión particular y muy personal el hacer el paso de la profesionalidad a la propaganda. Digo muy personal porque es el individuo quien decide por qué causa y durante cuánto tiempo quiere dejar de ejercer como profesional para mantener esa postura. La del propagandista. No digo que los propagandistas no sean profesionales. Hablo desde el punto de vista de otra profesionalidad, la del periodista y analista.

Una cuestión tan personal que nadie más me la va a resolver, y en la que nadie más debe interferir. Ni cuando me paga, y muchísimo menos cuando ya no lo hace. La suprema arrogancia de decir "le necesitamos" es absolutamente inaceptable. Porque, primero, mi entrega a alguna causa fue decisión voluntaria en la que nadie más tuvo el más mínimo papel. Y, segundo, siempre fue la continuación de mi profesionalidad, aunque la contradijera, no la sustitución de ella. Sigo siendo profesional, aunque en un determinado tiempo, bajo ciertas condiciones y por razones muy mías no ejerciera como tal.

Como profesional he seguido evaluando los fenómenos que se me presentaban. Durante un tiempo no he hablado de las conclusiones que sacaba de ello. Que estén contentos aquellos a los que dedicaba ese tiempo: los protegía de mi mismo diciendo las cosas que querían oir. Pero que no me critiquen, ni antes ni mucho menos ahora. Ese tiempo se acabó por la misma vía por la que empezó, por una decisión que es sólo mía. Dicho en palabras más crudas, yo decido cuando me prostituyo y cuando dejo de hacerlo.

Me queda mi profesionalidad, que nunca perdía y que era la base de mi entrega temporal. Esta profesionalidad bien les gustaba a algunos, pero parece que por las razones equivocadas. Mi profesionalidad es parte y expresión de mis principios, que siguen siendo los mismos, y a quien esto no le guste sólo le puedo decir: Me importan mis principios. Tú no me importas.

A quien me diga que no le parece bien lo que hago ahora basándome en esos mismos principios, porque no le conviene ni les convienen, le digo lo mismo. No me importas. De hecho, nunca me has importado y ahora paso de ti olímpicamente. Porque tú no tienes principios, porque invades un espacio personal mío y un derecho fundamental, porque nunca me has entendido y lo único que te interesaba es que me prostituyera.

Ya me has pagado (de hecho, ¡áun me debes dinero!), ahora me levanto, me voy y te dejo. Como es normal. No me llames traidor, te di aquello por lo que pagaste. Vive tu vida, yo viviré la mía. Por tus insultos no te quiero volver a ver nunca. Ahí te quedas.

Hasta los prostitutos tenemos un orgullo. Son míos mis principios, mi tiempo, mis decisiones y mi entrega. Y este culo es mío también.

2 comments:

  1. Para que esta entrada no se quede en lo general, aquí va una anécdota de la vida real.

    En una reunión del grupo de comunicación de Societat Civil Catalana (organización por la que me estaba prostituyendo durante un tiempo) dije en referencia a los vínculos con la extrema derecha de esta organización, y en respuesta a un compañero que había mostrado su incomodidad por no haber recibido información suficiente: "Yo soy más cínico. No me importa la verdad, sigo trabajando."

    Poco después fui despedido. Era demasiado obvio que no me tragaba la "verdad" que gente como Juan Arza, jefe de ese grupo de comunicación, me quería vender. Era uno de esos casos, muy típicos por aquí, en el que no basta con que te prostituyas. También tienes que gozar.

    PD: Defendí al mencionado compañero contra una compañera. Esa sí que sabía mostrar que disfrutaba. Es decir, sabía fingir a lo máximo.

    PD 2: Mencionado compañero poco después se hizo vocal de la junta directiva de Societat Civil Catalana. Y la compañera sigue fingiendo. No hay mentira que ella no sea capaz de hacer suya. Muy suya.

    ReplyDelete
    Replies
    1. Adenda: Mencionada ex-compañera, la CM de Societat Civil Catalana, solía decir: "Yo soy una profesional. ¡Trabajo hasta para indepes!"

      Nadie cuestionaba, ni expresaba extrañeza por, el trasfondo de esta cuestión, y yo pensaba, riendo muy fuerte para mis adentros: "Ja us ho fareu."

      Delete