Monday, June 29, 2015

Autodeterminación (1)

Voy a publicar una pequeña serie sobre el tema autodeterminación y Cataluña. Nada nuevo, pero se ve que al debate le podría ir bien tener algunos textos de referencia breves y fáciles de leer y entender. A modo de recordatorio.


Sorprende que a estas alturas algo tan sencillo como que los catalanes tienen derecho de autodeterminación sea objeto de debate. ¡Pero si ya lo practican! La Comunidad Autónoma Cataluña es autodeterminación viva. Esto se llama autodeterminación interna. O, en palabras del Tribunal Supremo de Canadá: Peoples are expected to achieve self-determination within the framework of their existing state. Eso, por supuesto, si el estado no los oprime ni les niega sus derechos, uno de los cuales, para minorías culturales o nacionales, es el derecho de autodeterminación.

En los casos cuando no es así existe el derecho de autodeterminación externa, es decir de secesión. Secesión unilateral. Este es uno de los temas que se debaten en Cataluña. El argumento que ya que los catalanes gozan de los mismos derechos que todos los españoles no tienen derecho a la secesión escurre el bulto, porque los que lo esgrimen por lo general se refieren a los derechos individuales. No hablamos de los derechos individuales, el derecho de autodeterminación se aplica a colectivos. Pueblos. Otros, o los mismos, dicen que los catalanes no deben tener derechos especiales.

De hecho, ni siquiera el derecho de autodeterminación es un derecho especial de los catalanes frente al resto de los españoles. También es aplicable a los españoles. ¿Recuerdan? Todos los pueblos tienen el derecho de autodeterminación.“ Pues así también los españoles. Y también ellos lo practican: tienen un estado. Entonces los catalanes se autodeterminan doblemente, como españoles y como catalanes. No cabe la envidia. Esto es muy constitucional, aquí no hay debate. (Pero no teman que todo sea tan claro. Lo de los derechos especiales, o diferencias entre ciudadanos españoles, es algo que nos va a ocupar más en futuras entradas.)

Lo que se debate en Cataluña es, entre otras cosas, si la autonomía es verdadera y efectiva. La Generalitat piensa que no.

¿Preguntas?


Continuará.



Nota: Entrada actualizada el 30 de junio con enlace en "La Generalitat piensa que no".

Friday, June 26, 2015

La entrega y los principios

Denk ich an Deutschland in der Nacht, dann bin ich um den Schlaf gebracht. (Heinrich Heine)


Lo mejor que uno puede entregar (a otros, por supuesto), es su profesionalidad. Y esto en sí ya está peligrosamente cerca del no ser profesional.

¿El alma? Puedo entregar el alma a una mujer. Esto ni siquiera viene al caso aquí, y además suelo equivocarme en ello.

Así que estamos de vuelta con la profesionalidad. La profesionalidad es un principio. Y tengo otros, todos los considero universales. Principios universales es un pleonasmo.

Es una cuestión particular y muy personal el hacer el paso de la profesionalidad a la propaganda. Digo muy personal porque es el individuo quien decide por qué causa y durante cuánto tiempo quiere dejar de ejercer como profesional para mantener esa postura. La del propagandista. No digo que los propagandistas no sean profesionales. Hablo desde el punto de vista de otra profesionalidad, la del periodista y analista.

Una cuestión tan personal que nadie más me la va a resolver, y en la que nadie más debe interferir. Ni cuando me paga, y muchísimo menos cuando ya no lo hace. La suprema arrogancia de decir "le necesitamos" es absolutamente inaceptable. Porque, primero, mi entrega a alguna causa fue decisión voluntaria en la que nadie más tuvo el más mínimo papel. Y, segundo, siempre fue la continuación de mi profesionalidad, aunque la contradijera, no la sustitución de ella. Sigo siendo profesional, aunque en un determinado tiempo, bajo ciertas condiciones y por razones muy mías no ejerciera como tal.

Como profesional he seguido evaluando los fenómenos que se me presentaban. Durante un tiempo no he hablado de las conclusiones que sacaba de ello. Que estén contentos aquellos a los que dedicaba ese tiempo: los protegía de mi mismo diciendo las cosas que querían oir. Pero que no me critiquen, ni antes ni mucho menos ahora. Ese tiempo se acabó por la misma vía por la que empezó, por una decisión que es sólo mía. Dicho en palabras más crudas, yo decido cuando me prostituyo y cuando dejo de hacerlo.

Me queda mi profesionalidad, que nunca perdía y que era la base de mi entrega temporal. Esta profesionalidad bien les gustaba a algunos, pero parece que por las razones equivocadas. Mi profesionalidad es parte y expresión de mis principios, que siguen siendo los mismos, y a quien esto no le guste sólo le puedo decir: Me importan mis principios. Tú no me importas.

A quien me diga que no le parece bien lo que hago ahora basándome en esos mismos principios, porque no le conviene ni les convienen, le digo lo mismo. No me importas. De hecho, nunca me has importado y ahora paso de ti olímpicamente. Porque tú no tienes principios, porque invades un espacio personal mío y un derecho fundamental, porque nunca me has entendido y lo único que te interesaba es que me prostituyera.

Ya me has pagado (de hecho, ¡áun me debes dinero!), ahora me levanto, me voy y te dejo. Como es normal. No me llames traidor, te di aquello por lo que pagaste. Vive tu vida, yo viviré la mía. Por tus insultos no te quiero volver a ver nunca. Ahí te quedas.

Hasta los prostitutos tenemos un orgullo. Son míos mis principios, mi tiempo, mis decisiones y mi entrega. Y este culo es mío también.

Tuesday, June 23, 2015

Me desdigo

Me desdigo de la última entrada en este blog, cuyas conclusiones han rechazado tantos. Una persona no puede tener razón. Estadísticamente mucho más probable es que la tengan las otras, tanto más si vienen preparadas por las palabras de una organización, que por su propio carácter representa una inteligencia colectiva. La inteligencia colectiva es superior a la de una persona. Por eso, porque somos seres sociales, los humanos vivimos en constante progreso, un progreso, además, de una velocidad espeluznante, en el que la inteligencia, la voluntad, las ideas, las opiniones o la profesionalidad de una sola persona no cuentan.

Por esta misma lógica, es más probable que Quim Masferrer hablara de los españoles, ya que son muchos más que aquellos que integran el Gobierno. Y en este mismo Gobierno hay diversas personas, que son más que el individuo Masferrer, y por eso tienen más razón.

Lógicamente, Masferrer habla siempre en plural, en el "nosotros" de los catalanes, porque sabe que él solo no haría nada.

Me viene muy bien este reality check. Durante años me había dedicado a escribir yo solito, y aúnque todavía estoy algo contento con los resultados, como por ejemplo este o bien este otro o uno más reciente, sé que no me merezco la aclamación de aquellos ante la sabiduría de los cuales ahora claudico. No sé cómo se me ocurrió hacer tales esfuerzos por mi propia cuenta. Todo el mundo sabe que un artículo escrito por cuantas más personas, mejor. Y el público que lo lee es más inteligente que su autor. Hoy este público, mis propios lectores que son mi razón de ser, me reclaman.

Es más, me necesitan. El peso de la necesidad de estar al servicio de muchos no es fácil de llevar para una sola persona, y seguramente es por eso que posiblemente me haya desviado del camino correcto. Ya lo dijo el gran filósofo Hashirama, que cito en inglés porque siempre impresiona más: "Those who stray from the path of justice have no courage, but under the wing of a strong leader, cowardice cannot survive!"

Los que me necesitan me valoran como persona. Me conceden la gran estima de querer que mis esfuerzos, que todo mi ser se diluya en un gran todo, en el que me dan mi sitio justo, y el que conmigo será más completo, completándome a mi a la vez.

No puedo negar que mi condición de extranjero tiene cierto peso en esta situación. De bando y bando se me ha avisado del aprecio que tiene la palabra de un extranjero, cuando éste está debidamente integrado. En el bando. O en el otro. Esto también es cohesión social, que es, como sabemos, lo máximo a lo que puede aspirar una sociedad. Y por lo tanto un individuo.

Al final de mi última entrada mis pensamientos se me fueron hacia Bosnia. Ahí, en las trincheras o en la ciudad asediada, vivía la época más feliz de mi vida. La trinchera y el asedio me ofrecieron claridad, la perspectiva bajo la cual todo ser humano debería vivir: ellos allá, nosotros aquí. ¡Bendita claridad! ¡Bendita trinchera!

Tontos aquellos bosnios, los verdaderos bosnios, que me decían de vez en cuando que no podían olvidar que ahí, en el "ellos" al otro lado de la trinchera, en la otra trinchera, estaban antiguos vecinos y amigos, con los que algún día habría que volver a vivir.

Y tonto yo por dejarme impresionar por esos bosnios. Tanto que aún hoy los recuerdo con mucho cariño.

Sunday, June 21, 2015

La realidad importa

El campo unionista en Cataluña (y me permito decir unionista en vez de constitucionalista, ya que uno de sus exponentes más notorios, Josep Ramon Bosch, ha indicado que quiere otra Constitución) y el separatista no hacen ascos al uso de falacias y manipulaciones. El ciudadano se encuentra cada vez más sólo.

Estos días se ha comentado un discurso de Quim Masferrer (versión íntegra, del 2012, aquí). En Twitter, muchos citaron a Masferrer con las palabras "espanyols mangants, sarnosos i cabrons de merda", como por ejemplo el grupo que ahora preside Josep Ramon Bosch, Societat Civil Catalana (SCC). El periódico afín a SCC, Crónica Global, dejó la palabra "españoles" fuera de las comillas, haciéndose eco en el lede de la posición de SCC: "Sociedad Civil Catalana denuncia los insultos contra los españoles...".

Mi simple pregunta por Twitter si Masferrer había usado la palabra "españoles" dio origen a un debate bizantino, en el que abundaban argumentos tales como que no se podía haber referido a extraterrestres o franceses. Poco a poco, todo el mundo confirmó que Masferrer no usó esta palabra.

Lo primero que queda claro es que una palabra que no se ha usado no puede ir en el entrecomillado. Esta regla sencilla debería ser seguida no sólo en el periodismo, sino en cualquier comunicación que se precie de hablar de la realidad.

Estrictamente sin entrar a valorar lo dicho por Masferrer, me parece lo más honesto partir de la idea de que este ciudadano español está criticando ciertas medidas de su propio gobierno, como lo son las referentes a la inmersión lingüística, la política tributaria o el trasvase del Ebro. La crítica del propio gobierno es no sólo un derecho fundamental, sino en principio una empresa loable. La oposición es esencial en la democracia.

Más allá de esto, todo el mundo está libre de interpretar las palabras de Masferrer, y de pronunciar su opinión sobre ellas. Como es normal, esta opinión no tiene sitio en un entrecomillado. La opinión es real, pero no necesariamente refleja la realidad. En todo caso, antes de opinar hay que conocer la realidad.

Lo preocupante es el "odio" -por usar una palabra del antes citado artículo de Crónica Global- étnico. Es preocupante no sólo si alguien, como no es el caso aquí, habla de "espanyols mangants, sarnosos i cabrons de merda". Es también preocupante que se le atribuya tal cosa, cuando no es cierta.

En la misma Crónica Global publiqué hace unos meses un artículo titulado "Cataluña, ¿hacia el conflicto étnico?". Sigo preocupado por el tema, y creo que un discurso que evite las manipulaciones debería ser bienvenido por todo el mundo.

No puedo esconder que me han marcado los conflictos étnicos que he vivido. Sé de la importancia de las manipulaciones en tales situaciones: la guerra de Bosnia empezó después de un tiroteo en una boda serbia, en el que un supuesto atacante musulmán mató al padre del novio. Durante años, los radicales serbios decían que la prensa que ellos llamaban "musulmana", como el diario Oslobodjenje, se jactaba de la agresión. La realidad es que Oslobodjenje hizo todo lo contrario y la condenó.

La realidad importa.

Saturday, June 6, 2015

"Inadaptado", un término casi fascista

Inolvidable esa entrevista a Gregorio Morán en Els Matins de TV3 (especialmente a partir del minuto 9:22): "Yo lo que quiero es ser libre y poder trabajar."

¿Inadaptado o no integrado yo? Que os den. Hablas la lengua "del país", obedeces las leyes, intentas ser buena persona... ¿Qué más quieren?

Si aparte de mi respeto por la cultura, la ley y las personas me exigen una cosa más para considerarme un integrado o un adaptado, esa cosa sólo puede ser política. Y no, con eso no comulgo. Ni aquí ni en la China. Precisamente porque no lo haría en la China, como no lo he hecho en otras dictaduras. A mi no me digan que no quepo cuando quiero una política diferente. Ya me lo han pedido, desde el otro lado del cañón de una pistola. ¿Y quién perdió la batalla? Ellos.

Los que exigen que un individuo se adapte a la sociedad en la que vive a tal grado que, más allá del respeto cultural y personal, tiene que comulgar con cierta tendencia política, son xenófobos seguramente, fascistas quizás.

Tienen los días contados. Que les den. Con la Historia. Y bien duro, una y otra vez por la cabeza.

Yo soy libre.